A todos se nos quedó en la retina ese aciago día de Julio del 2011, en el que apareció en todos los telediarios del país a mediodía la flamante figura de Rodrigo Rato, recién salido director del Fondo Monetario Internacional, con el prestigio que ello conlleva, tocando la campana en el Parquet de la Bolsa de Madrid del IBEX 35, anunciando a bombo y platillo a los cuatro vientos la espectacular salida a bolsa de Bankia.
También se nos vendía a los españoles que era un chollo comprar esas acciones puesto que salían a la venta en un 20% más baratas de su valor real de patrimonio neto. Como el tiempo pone a cada uno en su sitio, hoy sabemos que la salida a bolsa de Bankia fue posible gracias a la complicidad delictiva de la auditora Deloitte, la primera empresa auditora del país, que había auditado falsificando la contabilidad y maquillando sus balances. El Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC) organismo dependiente del Ministerio de Economía considera que Deloitte infringió de forma MUY GRAVE la ley de Auditoría de Cuentas al no actuar con la debida dependen-cia y le impone una sanción de 12 millones de euros. «Pecata minuta» para una multinacional de este nivel. Acusa a la firma de lo que se sospecha-ba, de no auditar con objetividad las cuentas de aquel año cuando Bankia salió a bolsa, porque era al mismo tiempo proveedor de otros servicios de consultoría a la misma entidad financiera que presidía entonces Rodrigo Rato, por auditar sobre la base de balances trimestrales provisionales y por auditar ocultando un 70% de los fallidos. Cri-tica que la Auditora trabajó para Bankia lo que se dice «a la carta» y recibió la bendición de las cuen-tas en su salida a bolsa, al mismo tiempo que Bankia era un gran cliente de otras de las ramas de negocio de Deloitte. Nada es casualidad, Ban-kia pagó entonces a Deloitte 3,75 millones por dis-tintos servicios de auditoría, según el expediente sancionador. Se llegó a dar la circunstancia según la investigación, de que los mismos empleados de Deloitte que ayudaban a elaborar las cuentas, las auditaban después. Esto en Cádiz se llama «el cuento de Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como». «Totá, como todo queda en casa…» Seguimos, en el 2012 Deloitte facturó 490.000 euros a Bankia por asesorar al equipo de Rato a cumplir los nuevos requisitos europeos del saneamiento. El fenómeno del golferío bancario se extiende también a las auditoras y es que el dinero todo lo compra. Ya nos lo avisó Quevedo hace 3 siglos: «Madre, yo al oro me humillo, Él es mi amante y amado, Pues de puro enamorado Anda continuo amarillo. Que pues doblón o sencillo Hace todo cuanto quiero, Poderoso Caballero Es don Dinero». Y acabo: la OPV o salida a bolsa de Bankia, se-dujo a más de dos millones de españoles que de-positaron sus ahorrillos en estas acciones que hoy no valen prácticamente nada. ¡No hay derecho! Que por unos pocos golfos se perjudique tan-to ciudadano honrado. Hace falta una regeneración del sistema bancario español.

