Los nuevos gánsteres se visten con trajes a medida de Armani. Han estudiado masters en Economía en las mejores Universidades de Europa y pertenecen a la clase privilegiada o “establishment”. Están detrás de un despacho de madera de raíz de nogal, con aire acondicionado y con hilo musical. Te tratan de “amigo” con aparente cordialidad y son exquisitos en su educación y formas. Es el sino de nuestros tiempos. A un “langri” que te asalta a punta de navaja por la calle y te saca la calderilla le llamamos “chorizo”; sin embargo, si el que te sangra y expolia es tu banquero de toda la vida en quien confiabas le llamamos “delincuente económico”. Hay que joderse. El fenómeno del golferío bancario se caracteriza porque mientras te están quitando la camisa, te están prodigando la mejor de sus sonrisas, como si la cosa no fuese con ellos –la culpa es del sistema, te venden-. El cinismo forma parte de esta cultura del dinero a toda costa, que en los países anglosajones se ha acuñado bajo el término “white collar criminology” (delitos de “cuello blanco” refiriéndose a los banqueros y financieros que trabajan siempre con camisa de cuello blanco y es siempre su uniforme de trabajo). De vez en cuando, solo de vez en cuando, se consigue “enganchar” a alguno de estos golfos banqueros, y por eso, por lo excepcional del caso, es noticia en todo el país. La gran mayoría sale de rositas, blindados por mega bufetes especializados, o incluso otros, después de ser condenados por la Justicia, cuando pasa la calentura de los medios de comunicación, al poco tiempo el Gobierno de turno los indulta, y aquí no ha pasado nada. A los dos años ya nadie se acuerda, porque como diariamente salen en los medios tantos casos de corrupción, en la memoria colectiva un caso tapa a otro -una mancha de mora con otra se quita-.
Viene al caso porque la Sección Cuarta de lo Penal de la Audiencia Nacional, acaba de condenar con hasta 4 años de prisión a la antigua cúpula de la CAM (Caja de Ahorros del Mediterráneo) por manipular y maquillar las cuentas, creando una imagen patrimonial falsa de la situación del Banco, que provocó –aparte de las pérdidas de sus accionistas e inversores-, que en el 2011 la entidad desaparecida tuviera que ser rescatada por el Estado, con un fuerte desembolso del dinero de los españoles –sí, sí, el tuyo y el mío- y acabará siendo “comprada” por el Banco Sabadell por el precio simbólico de 1 Euro. ¿Os suena? Sí, la misma cantidad por la que se vendió el Banco Popular al Banco Santander. De risa. La historia se repite. Ahora viene lo de siempre, se recurre la Sentencia ante el TS, luego ante el TC y luego ante la Gran Corte de Luxemburgo en Europa. Échale guindas al pavo: eso supone 5 años más como mínimo hasta que entren en prisión –si es que entran-. Y si no, fíjate en el caso Urdangarín…Contra la corrupción, se imponen medidas judiciales más eficaces y ejemplarizantes. Si no, nunca levantaremos cabeza como país.