Mi compadre, por no decir mi mejor amigo, sabe algo de esto porque lo ha sufrido en sus carnes. Su hijo mayor, Antonio, con tan solo 30 años se le ha vuelto un ludópata de los juegos deportivos “online”. El problema se ha agigantado de tal forma, que, tras innumerables discusiones y tras cogerle robándole, con todo el dolor del mundo le ha tenido que echar de casa, su novia le ha dejado, sus amigos le han mandado al “carajo” y él ha empeñado hasta el coche y la moto. Perdió también su trabajo por robar en su empresa Un drama y un papelón, pero el de Antonio no es un caso aislado. Más de 850.000 personas – tu vecino, tu hermano, tu colega – se han registrado en una conocida página de apuestas en el 2018. Chicos, estamos creando una adicción de tremendas consecuencias sociales y económicas. Y mientras tanto grandes multinacionales del juego se aprovechan de esta enfermedad, que ellos mismos crean y se están forrando y todo el mundo calla con un silencio cómplice como si fuéramos tontos. Pero voy a denunciarlo. La ludopatía consiste en un trastorno en que una persona se ve obligada por una urgencia psicológicamente incontrolable a jugar y a apostar de forma persistente y progresiva, afectando de forma negativa a su vida personal, familiar y profesional. Es una desviación de la conducta, se asocia a la dedicación compulsiva a los juegos de azar – casinos, bingos, timbas de póker – o a las máquinas tragaperras. El juego patológico se clasifica en el DSM-IV-R en trastorno del control de los impulsos, que también incluye la cleptomanía (robar en las tiendas), piromanía (incendiar nuestros montes), y tricotilomanía (obsesión de arrancarse el pelo). Todavía recuerdo con pena los recientes años 70 en que se puso de moda en Cádiz el Casino del Puerto y la cantidad de padres de familia que perdieron allí hasta la casa propia. Y qué me dicen de la fiebre de los bingos en los años 80, en los que muchos gaditanos dejaban la nómina nada más cobrarla. Peor, quizá, fue el vicio de las maquinitas tragaperras que en la década de los 90 infectaron nuestra ciudad. Los españoles según la Dirección General de Ordenación del Juego, nos jugamos en el 2017, 39.396 millones de euros, con una tendencia mantenida con un incremento anual del 13%. En el juego, hay un sector emergente que se ha puesto de moda ahora en el Mundial de Futbol: las apuestas deportivas “online”. Su facturación sobrepasa ya los 12.000 millones anuales. No me extraña, porque el futbol es una religión en España, siendo nuestro país, tras Inglaterra, el segundo que más apuesta realiza. Las apuestas deportivas son la principal puerta de entrada de nuestros jóvenes a la ludopatía más enfermiza, con edades menores de 18 años, que tira de algún colega que supera esa edad para poder jugar. La publicidad de apuestas “online” superó en 2017 los 110 millones de euros, y es hoy por hoy un lobby tan poderoso que ha conseguido que el gobierno permita la difusión de su publicidad en cualquier horario. Poderoso caballero es Don Dinero…
José Luis Ortiz Miranda


