Querido lector: Por regla general, desconocemos la realidad de las cosas a no ser que nos topemos de frente con ellas. Una de esas duras realidades es tener un hijo o un familiar discapacitado. El pasado domingo día 3 de diciembre se celebró el Día Internacional de la Personas con Discapacidad. El objetivo no es otro que sensibilizar a las personas que no viven el día a día con esta circunstancia para que conozcan, se acerquen y comprendan como debemos evolucionar en nuestra sociedad hasta alcanzar la plena integración y respeto hacia todas estas personas “diferentes”. Todos somos iguales y con los mismos derechos, lo cual debemos inculcar a nuestros hijos desde pequeños.
Lo que quizá nadie sepa, es que son la “minoría más amplia del mundo” porque de 7.000 millones de personas que tiene el mundo, constituyen más de 1000 millones (1 de 7). Por si fuera poco, más de 100 millones de discapacitados son niños, los niños con discapacidad tienen 4 veces más posibilidades de ser víctimas de algún tipo de violencia -la misma proporción que los adultos con problemas mentales- aveces de sus propios compañeros de clase que se burlan de ellos, porque los niños entre ellos son muy crueles e inconscientes del daño que pueden hacer. Además, suelen tener menos oportunidades económicas, peor acceso a la educación y tasas de pobreza más altas. Eso se debe principalmente a la falta de servicios que les puede facilitar la vida – como acceso a la información o al transpone- y porque tienen menos recursos para defender sus derechos.
A estos obstáculos cotidianos se les suma la discriminación social y la falta de legislación adecuada para proteger a los discapacitados. La ignorancia es, en gran parte, responsable de la estigmatización y la discriminación cotidiana que padecen y sufren las personas discapacitadas.
Todas las personas de orden luchamos por – una sociedad incluyente, ya que está demostrado que una vez eliminados los obstáculos a la integración de las personas discapacitadas, éstas pueden participar activa y productivamente en la vida social y económica de sus comunidades. Por ello, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, firmada por 160 países en las Naciones Unidas en su art. 9 pide que las personas con discapacidad puedan llevar una vida independiente y participar de forma activa en el desarrollo de la sociedad. La actitud, por tanto, no es de pena, lástima o misericordia cristiana Craso error: la actitud es de transformación hacia una sociedad sostenible y resiliente para todos. La Agenda 2030 se compromete a “no dejar a nadie atrás». Es necesario cambiar el chipy y la mentalidad.
“ Bienaventurados los humildes y los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos”. ■
José Luis Ortiz Miranda.
Artículo publicado en Viva Cádiz – Andalucía Información


